Todos los 21 de marzo se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down, fecha que tiene por objetivo aumentar la conciencia pública sobre la importancia de una autonomía e independencia individual de este sector de la población con discapacidad.
Se trata de una alteración genética ocasionada por la presencia de un tercer cromosoma en el par 21, que fue descubierta en 1959 por el destacado investigador francés Jérôme Lejeune.
La incidencia estimada del síndrome a nivel mundial se sitúa entre 1 de cada 1.000 y 1 de cada 1.100 recién nacidos.
A través de esta celebración se busca promover la conciencia social, enfatizando en la necesidad de crear condiciones propicias para su desarrollo integral, asegurando un óptimo nivel de autonomía, independencia individual y la capacidad de tomar decisiones personales a lo largo de sus vidas.
El acceso adecuado a la atención de la salud, a los programas de intervención temprana y a la enseñanza inclusiva, así como la investigación adecuada, son de extrema importancia para el crecimiento y el desarrollo de las personas.
Al mismo tiempo, insistir en la búsqueda constante de crear un ambiente que fomente la igualdad de oportunidades para que niños, niñas y adolescentes con síndrome de Down puedan desenvolverse plenamente a lo largo de sus vidas.
El lema de este año
Para este 2026, las Naciones Unidas tienen como lema “Juntos contra la soledad”, que se centra en sensibilizar sobre cómo la soledad afecta de manera desproporcionada a las personas con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales, así como a sus familias.
La soledad no es solo un sentimiento, sino un problema de salud grave que puede provocar ansiedad, depresión y lesiones físicas, a menudo vinculadas a la exclusión social y el estigma.
La campaña aboga por una inclusión real en las escuelas, los lugares de trabajo y las comunidades, y hace hincapié en que estar presente no equivale a estar incluido o estar realmente conectado. Destaca que todas las personas, individuos, familias, organizaciones, escuelas, empleadores y gobiernos, tienen un papel que desempeñar en la creación de espacios acogedores y relaciones significativas que ayuden a las personas a sentirse parte de la sociedad.
En última instancia, el tema enmarca la soledad como una cuestión de derechos humanos, instando a la acción colectiva para convertir la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en un cambio concreto que ponga fin al aislamiento y promueva la plena participación en la sociedad.