Ahora
La adopción y esa necesaria reflexión para definir si lo que se quiere es un bebé o un hijo
Hablamos con Carolina Recalde, una bahiense que milita el tema y que pasó por el proceso hasta tener a Mili.
Por Ivana Alejandro
¿Qué quiero, un bebé o un hijo?, reflexionaba Carolina Recalde, hoy madre adoptiva de Milagros, de 17 años.
Carolina es profesora de enseñanza primaria y presidenta del Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (MAMA), del que forma parte hace 14 años.
Actualmente está cursando la Diplomatura en Adopciones, es coordinadora del grupo de adopción llamado Semillas del País y es miembro de la Asociación Civil Ser Familia por Adopción. A su vez, fue referente para la creación de la Ley de Adopción sancionada en el 2015.
Hace 9 años que es madre adoptiva. Su hija llegó a su casa con 8, casi 9, ya que a los pocos días cumplía años.
“Fuimos a comprar ropa porque ella traía una bolsita de consorcio negra con la ropa que tenía. Eso es lo que pasa en los hogares, que no tienen sentido de pertenencia, la ropa es de todos, los juguetes son de todos, hay un baño para 12. Entonces salimos a comprarle ropa y el domingo era el Día del Niño así que yo le fui a comprar una muñeca pepona que la tiene hasta hoy, La Toti”, cuenta.
Se casó con Fabián ya sabiendo que no iban a poder ser padres biológicos por un problema de salud.
“Fue un proceso muy duro de pasar de no ser padres biológicos por vía común, a no poder tampoco ser padres biológicos por vía fertilización asistida”, recuerda.
En Octubre de 2007, luego de un largo período de duelo, decidieron adoptar y se anotaron en el entonces juzgado de menores de Bahía Blanca. Tuvieron su turno el 10 de noviembre del 2007. En aquel juzgado, les recomendaron ir al grupo MAMA y también les dieron libros para leer.
A su vez, había que registrarse en cada provincia. Fue así que Carolina y Fabián viajaron a Chaco, Corrientes, Formosa, y otros distritos con su carpeta en mano y todo el papelerío.
Ella cuenta que empezaron como casi todos, inscriptos con la idea de adoptar un niño de una edad muy pequeña.
Es que es muy extraño que alguien se anote y rápidamente diga que adoptaría un niño de, por ejemplo, 0 a 9 años. Lo más buscado son bebés y niños pequeños.
“Muchas veces se quiere tener un bebé para sustituir a ese bebé que no pudiste tener biológicamente, para amoldarlo a tu manera, para no perderte nada”, cuenta Carolina.
Ellos tuvieron que esperar 5 años hasta que llegó Mili a sus vidas.
Y fueron 5 años de formación, de trabajo interno, de leer libros, hacer talleres, ir a ponencias, mirar películas. Todas acciones que los prepararon para vivir el proceso de la adopción y ejercer su función de padres de una forma menos idealizada, con mayores recursos emocionales e intelectuales.
Carolina hace hincapié en la necesidad de realizar “una espera activa, prepararse, porque cuando las cosas están todas bárbaras, todos caminamos bárbaro, pero cuando empieza a haber problemas en casa, desafíos, desafíos constantes”.
“La adopción es un desafío constante, diario. Entonces ahí es cuando vos tenés que estar preparada”, asegura.
Entonces, lo que se hace en los grupos autogestivos,como Ser Familia por Adopción, MAMA, es organizar charlas, talleres y ponencias para que los futuros padres se vayan preparando.
“Nosotros trabajamos aunque parezca mentira por los niños. Ustedes dirán: “Pero, ¿cómo? Si las charlas son para los adultos”. Sí, estamos trabajando con los adultos para que sean padres más idóneos y mejores padres para esos niños”, dice Carolina.
Ella asegura que tener apoyo familiar o de amistades es fundamental. Al mismo tiempo también hacer terapia, ya que hay momentos en que uno se puede sentir muy colapsado.
Estos grupos autogestionados les despertaron preguntas “casi filosóficas”.
Carolina y Fabián se preguntaron: “¿Qué quiero: un bebé o un hijo? ¿Por qué no un niño más grande? ¿Por qué un bebé? ¿Para satisfacer necesidades de quien? ¿Mías, de mi marido, para no perderme yo, para sustituir qué?”.
Y ahí se dieron cuenta que ellos buscaban un hijo. Entonces, en vez de buscar sólo un bebé o niño pequeño, decidieron cambiar y también buscar uno más grande.
No alcanza con el amor
Muchas personas se inscriben para adoptar porque sienten que “tienen mucho amor para dar”, “que aman a los niños”. Pero detrás de ese deseo, suele haber una idea muy romantizada e idealizada del posible vínculo y del niño en sí.
La realidad, como expresa Carolina, suele ser muy dura.
“Acá hay vulneración de derechos y grosas, acá hay violación, hay abuso, dejar a los chicos solos días enteros sin comida sin bebida, sin bañarse. Entonces los chicos vienen de historias muy difíciles que tienen que sanar y obviamente que nosotros los adultos somos los que vamos a poder ayudarlos a sanar, pero también somos el frontón”, cuenta.
Y agrega: “¿Con quién se la va a agarrar ese niño cuando está enojado con la vida? ¿Con quién se la va a agarrar ese niño cuando está enojado con su familia de origen? Los que estamos ahí, los padres adoptivos. Nosotros tenemos que poner la oreja, el oído,la mente, la paciencia, la templanza. La adopción viene a restituir el derecho a la familia, nosotros somos restituidores de derechos”.
En ese sentido, Carolina es tajante: “Con el amor no te alcanza, porque tenés que tener templanza, flexibilidad, empatía, tolerancia, va a pasar que uno también se enoje y bueno salir del foco de la situación, salir a caminar, resignificar conductas de los niños ¿Por qué le está pasando esto? A veces dicen, mirá que caprichoso se tira el piso, a ver ¿Por qué le está pasando esto?¿Con qué conectó ese niño de la situación anterior para poder estar en esa situación con esa crisis, llorando con un berrinche, tirando alguna cosa, gritando, insultado? Así que el amor no alcanza”.
Un proceso largo y con altibajos
No todos los adultos adoptantes están preparados para sostener el vínculo considerando la alta tasa de deserción que hay en el proceso de vinculación tanto como el proceso de convivencia.
El proceso de vinculación consiste en conocer al niño, propiciar encuentros cada vez más constantes y una vez que el niño, niña o adolescente se siente a gusto y en confianza se va a vivir con ellos por 6 meses. Luego los llamados “guardadores” (futuros padres adoptivos) pueden comenzar el trámite de adopción.
Este proceso no es lineal, muy por el contrario. Carolina cuenta que luego de una primera etapa llamada “luna de miel de la adopción”, donde tanto los adultos como el niño buscan agradarse recíprocamente, el niño empieza a sentirse seguro y se muestra tal cual es.
En ese momento, el adulto suele preguntarse: ¿Qué nos pasó? ¿Qué le pasó? ¿Qué hicimos mal?. Es ahí cuando muchas veces comienzan las vinculaciones excluyentes, llaman al juez o al servicio local diciendo que no quieren seguir con esa vinculación.
Frente a esa situación señala: “¿Tiene un costo psíquico? Obviamente, para las dos partes (adultos y el niño) ¿Pero quién se lleva la mayor parte? Obviamente el niño, porque el niño perdió la confianza de sus primeros referentes afectivos que fueron sus padres de origen, confió en otros referentes que fueron sus padres adoptivos, los padres adoptivos dijeron no. Entonces este niño vuelve al hogar con esa vinculación fallida”.
En ese sentido, Carolina afirma que “hay que hacer un trabajo muy intenso y muy interno para el niño, porque después se hace muy difícil” que vuelvan a confiar en los adultos.
“El niño a veces siente culpa, ¿Qué hice yo para que me devolvieran? ¿Qué hice yo para que no me quisieran? ¿Qué hice yo para que no me cuidaran? En verdad no hicieron nada de malo, pero bueno hay una cuestión de culpa en el niño que hay que trabajar después de una vinculación fallida”, completa.
El gran desafío del proceso de adopción es que efectivamente se restituyan derechos de niños, niñas y adolescentes en un profundo estado de vulnerabilidad. No basta solo con el deseo y el amor, sino además, contar con una red de apoyo y desarrollar recursos emocionales e intelectuales para formar una nueva familia desde la construcción empática, comprometida y amorosa.
Para que esto sea posible, resulta fundamental el rol de los grupos autogestivos de adopción, los cuales merecen todo el apoyo de las autoridades y de la sociedad en su conjunto.
Ahora
Alerta amarilla por la baja temperatura en la ciudad
Debido al frente frío que afecta a Bahía y la región, el Servicio Meteorológico Nacional emitió un alerta amarilla.
Se recomienda:
- Evitar exponerse al frío por tiempo prolongado en exteriores.
- Controlar el buen funcionamiento de calefactores.
- No dejar calefactores encendidos sin supervisión.
- Evitar sobrecargar la instalación eléctrica.
- Mantener ambientes ventilados para evitar la inhalación de monóxido de carbono.
Ahora
¿Somos hipócritas si repudiamos el maltrato animal pero comemos carne?
Un veterinario, una bióloga, una abogada y un filósofo responden a esta pregunta.
Hace una semana comenzó a circular un video en donde un joven pateaba a un coipo hasta matarlo. La grabación, hecha por uno de sus amigos, fue subida y compartida en redes como algo divertido y festejable.
Pero la condena social no tardó en llegar. Rápidamente, miles de personas de Bahía y el país mostraron su rechazo a la actitud y pidieron consecuencias legales para los dos involucrados: Juan Bautista Bravo e Imanol Santerre, ambos de 18 años, de Huanguelén.
Frente a esta situación, varias personas plantearon o se preguntaron: ¿somos hipócritas si repudiamos el maltrato animal pero comemos carne?
Wips le consultó a diversos especialistas para conocer su punto de vista y análisis de la situación. A continuación, los comentarios de un veterinario, una bióloga, una abogada y un filósofo:
Horacio Volpe- Veterinario
Todos los animales experimentan algún grado de sufrimiento y son capaces de percibir situaciones amenazantes. Por ejemplo, nna oveja puede sufrir cuando va a ser sacrificada, o se ha demostrado que los cerdos son especialmente sensibles al estrés: el simple hecho de inmovilizarlos o trasladarlos para su faena puede generarles un elevado nivel de tensión.
Muchos animales reaccionan ante el peligro y buscan escapar cuando perciben una amenaza. En ese sentido, se considera que son capaces de experimentar miedo y estrés frente a determinadas circunstancias. También es posible que los animales sometidos a situaciones de maltrato o manipulación prolongada respondan al entorno de manera diferente, ya que son sensibles a las condiciones en las que viven y a la forma en que son tratados.
Por otra parte, es cierto y es comprensible que las personas establezcan distintas valoraciones sobre los animales según el vínculo que mantienen con ellos. Muchos productos de consumo cotidiano provienen de animales criados para la alimentación. Nosotros comemos una res de ganado y es una vaca que le pegaron un palo en la cabeza o con un martillo neumático y la sacrificaron, o comemos un chorizo seco y es de un cerdo que lo domesticamos, le dimos de comer y un día la matamos.
Es un tema difícil de analizar porque hay que analizar un montón de aristas.
Marina Belén Gomez- Licenciada en Ciencias Biológicas
Desde el ámbito biológico todas las especies tienen valor intrínseco, esto quiere decir que ya por el simple hecho de existir cumplen un rol ecológico en los ambientes y eso hace que sean importantes.
Ahora al diferenciar especies silvestres y domesticas tenemos que tener en cuenta que:
Por un lado la fauna doméstica (ganadería en este caso), es criada y producida con un fin, fuera o no de su ámbito natural, con restricciones, control y monitoreo dentro de reglas preestablecidas.
Por otra parte, el lado silvestre, como fue el caso del coipo, es fauna que quedo resignada a los pocos y pequeños ámbitos “naturales” que les quedaron. El avance de la urbanización afecta muchísimo a las especies aunque no nos demos cuenta: el hábitat natural se fragmenta, los recursos se reducen y los peligros son mayores.
El gran problema de todo este hecho aberrante radica en la crueldad humana que por diversión y mero “poder” arrebatan la vida de un animal silvestre de forma violenta y descontrolada, con burlas y risas de por medio. Desde el 2021 esta sancionada la Ley de Educación Ambiental que busca generar valores y apreciaciones para con la naturaleza, con la premisa de que conocerla propicia la empatía y conservación de los ambientes y genera un cuidado sustentable de los mismos.
Muchas son las personas que trabajan para que estos conocimientos lleguen a todas las edades pero los esfuerzos parecen ser ínfimos cuando nos encontramos con estos casos donde no se ve consideración ni empatía con los animales nativos, sino que predomina la violencia y superioridad humana.
Volviendo a la pregunta inicial, desde mi punto de vista, son dos cosas distintas la muerte y consumo de animales de ganadería, que la muerte de un coipo o cualquier animal silvestre por diversión. Es posible que compartan un punto de crueldad animal, puesto que en ambos casos es el humano quien se cree superior sobre estas vidas, pero sin embargo, se supone que existe reglamentación para disminuir al máximo el dolor de la muerte de un animal de ganadería cuando va a ser sacrificado para consumo, así como también existen leyes que protegen la fauna silvestre, que prohíben el maltrato animal, y que penan a las personas que ejercen el mal en fauna, flora y ecosistemas.
Por ultimo, es importante no olvidar que el ganado está culturalmente asociado para el consumo, mientras que la fauna silvestre no cumple ese rol. Por lo tanto, este caso, tuvo un alto impacto ya que posee una crueldad intrínseca que no aparece en la ganadería desde la vista de la sociedad.
Graciela Regina Adre- Abogada penal especialista en Derecho Animal
El planteo de la pregunta es legítimo porque nos invita a reflexionar sobre cómo nos situamos frente a los otros animales. El rechazo que produjo este hecho demuestra que existe una preocupación creciente por el trato que reciben los animales, y eso es algo positivo.
Ahora bien, quienes sostenemos una posición abolicionista y antiespecista entendemos que la capacidad de sufrir, de sentir dolor o de experimentar miedo no depende de la especie a la que un individuo pertenezca. Un coipo, una vaca, un cerdo, una gallina o un perro comparten esa condición básica de seres sintientes, con experiencias subjetivas propias, y son conscientes, tal como hoy reconoce la ciencia. Se acercan al placer y se alejan del dolor… igual que nosotros.
Por eso, cuando la sociedad en su conjunto se conmueve frente a un acto de crueldad como el que hemos visto, surge un interrogante más profundo e inevitable: ¿por qué nos parece intolerable el padecer de algunos animales y aceptamos el de otros? ¿por qué un roedor como el coipo recibe tanta consideración y simpatía mientras que para ratas y ratones solemos admitir métodos de control que les provocan una agonía prolongada y muy dolorosa? Es una reflexión recurrente dentro del movimiento por los derechos animales.
Desde el punto de vista legal la respuesta es simple: unos son declarados especies protegidas y otros, plagas. La ley consagra esa diferencia y le atribuye efectos jurídicos distintos. Se trata de una clasificación con la que, es obvio, no concuerdo, pero que expresa las jerarquías que el imaginario social establece entre las diferentes formas de vida animal en este momento histórico.
Sin embargo, no creo que el camino sea descalificar a quienes se indignan por este caso llamándolos hipócritas. Estas valoraciones no son inmutables: responden a una construcción cultural y cambian con el tiempo. Muchas de las conductas que en generaciones anteriores eran consideradas normales hoy resultan difíciles de justificar, y no hay razón para pensar que nuestra manera de relacionarnos con los demás animales no pueda ser objeto de un análisis similar en el futuro.
Lo importante es aprovechar estos acontecimientos para abrir un debate respetuoso sobre nuestra relación con los demás animales. Si la muerte de este coipo nos conmueve, tal vez sea una oportunidad para reevaluar qué lugar otorgamos a los otros vivientes y si estamos dispuestos a revisar nuestras costumbres a la luz de los valores de compasión, justicia y no violencia que decimos defender.
Más que preguntarnos por qué nos conmueve la muerte de un coipo —lo cual constituye un hecho alentador—, deberíamos indagar por qué no nos movilizan del mismo modo tantas otras expresiones de daño que los animales sufren a diario.

Jorge Mux- Filósofo
Lo que me gustaría decir respecto a la pregunta de si somos hipócritas es que todos nuestros juicios morales, es decir, cuando decimos si algo está bien o está mal, tienen ciertos límites.Y esos límites son un poco por la costumbre, un poco arbitrarios, un poco, podríamos decir, de acuerdo a cómo nos hayan educado.
En otras palabras, para nosotros está bien que se maten vacas y pollos y otros animales todos los días y lo justificamos también con una decisión moral: que necesitamos comerlos o por lo menos queremos comerlos. Mientras, esa decisión moral limita las acciones que nosotros podemos tener con respecto a matar animales a aquellos animales que vamos a comer. Entonces, hay una especie de límite moral ahí, qué animales son permitidos y qué animales no.
No se trata de hipocresía en ese sentido, pero también si nos ponemos a pensar, nosotros usamos todo el tiempo celulares, los celulares están hechos con un mineral, entre otras cosas, que se llama coltán, y el coltán, hasta donde nosotros sabemos, se extrae de ciertas minas en África en las que trabajan niños esclavos. Entonces, ¿somos hipócritas nosotros si usamos celulares sabiendo, de hecho muchos ya lo sabemos, que lo que se extrae es de trabajo esclavo? ¿Sabiendo que mueren niños por los celulares que estamos usando? Podemos hacer extensivo esto también a la ropa, que en muchos casos está hecha por trabajo esclavo en otras partes del mundo, etcétera.
Entonces, ante la pregunta de si somos hipócritas, porque a algunos animales está bien matarlos y a otros no, en realidad lo que hay son decisiones morales, lo mismo ocurre con esto de los celulares o de la ropa, son decisiones morales, y la decisión moral no tiene por qué ser del todo racional. Se establece un límite arbitrario en un punto y pasado ese límite suponemos que está bien o que está mal, es decir, dependerá de la costumbre, de la sociedad, de la educación y muchas veces también de lo que a nosotros nos parece.
Ahora bien, una cosa es el límite moral y otra cosa es la ética. La ética consiste justamente en analizar la moral. Desde el punto de vista ético, lo que nosotros podemos hacer es, bueno, decir estos son los principios que tiene tal o cual moral. La moral tiene que ver con las costumbres, con los códigos de una sociedad, con la educación, etc. Y esa moral nos indica qué cosas son permisivas o qué cosas aceptamos para actuar y cómo juzgamos también a los otros. Sin embargo, esas morales nunca abarcan todos los casos posibles de los hechos que nos podrían suceder.
Y hay muchísimos casos en los que no sabemos cómo actuar. En este caso en particular, lo que podemos ver es que el repudio no es sólo porque mataron a un animal, sino porque lo hicieron sufrir. Se supone que cuando se faenan animales el sufrimiento es mínimo o no está. Y además se ve que había una gran satisfacción por ese hecho. Entonces, ahí el límite moral parece bastante claro. No es solamente matar a un animal, sino la satisfacción que causaba y el hecho de que además lo vea todo el mundo.
Hay algo ahí de espectáculo. En cambio, matar animales, aparentemente, matar animales como vacas, cerdos, etc., son para comer, con lo cual ahí hay una justificación moral que parece un poco mejor. Yo lo que quiero es separar el hecho de si a mí me parece bueno o a mí me parece malo del análisis moral. El análisis moral es lo que corresponde a la filosofía.
Los límites de la moral muchas veces son arbitrarios, y ese es un gran problema. Nos parece muy mal una cosa y, sin embargo, nosotros aceptamos otra que es muy similar y esa no nos parece para nada mal. Entonces, es hipocresía y en algunos casos podrá ser hipocresía, pero en muchos casos es que nuestros límites morales no están definidos de manera cerrada o de manera muy clara.
El episodio del fin de semana anterior es una buena oportunidad para, más allá de sumarse a la condena, reflexionar sobre algunas cuestiones y revisar nuestras prácticas. Estos son algunos puntos de vista, pero no agotan el análisis de la situación.
Ahora
Cómo es el método anticonceptivo para las palomas y de dónde viene
En Bahía se está llevando adelante el Programa de Convivencia Urbana con la Fauna – Columba Livia, el cual busca disminuir la población de las palomas en la ciudad.
Diego Palomo, directos del área de Salud y Hábitat que se encarga de ejecutar el programa comentó que la anticoncepción es la tercera etapa del plan, y consiste en colocar alimento con nicarbizina en determinados puntos de la ciudad.
Cuando se presentó la propuesta en noviembre de 2025, se comentó que la idea es que CONICET o la UNS produjeran el fármaco anticonceptivo.
Wips le consultó a Palomo por el avance de esta producción en conjunto, a lo que el director respondió que sigue vigente la idea pero que es a largo plazo:
Hoy el anticonceptivo se consigue a través de la compra a una empresa de Rosario. Esta empresa provee el anticonceptivo y el municipio hace el control pertinente con SENASA para certificar que el uso sea cuidado y seguro para las palomas y cumpla con la dosis que se requiere para que tenga solamente un efecto anticonceptivo.
Agregó que la posibilidad de un convenio con la universidad o CONICET sigue en pie, y que hay diálogo y predisposición de las partes, pero que es un proceso a largo plazo, porque producir un fórmula farmacéutica tiene cierta complejidad.
A su vez, también se le consultó por la existencia de una meta concreta en cuanto a la disminución de la cantidad de palomas: “en relación a la meta del programa, INBIOSUR entrega un informe trimestralmente en donde se incluye un mapa de color de los distintos sectores de la ciudad, en donde hay determinados puntos críticos. Es poco fiable y difícil de establecer un número [o porcentaje] puntual, pero el objetivo es que la densidad poblacional de estos puntos críticos disminiyen”.
El alimento con anticonceptivos se pone en distintos lugares cada 48 horas. Es alimento suficiente para unas 100 palomas aproximadamente y esta semana se colocaron en el techo del Mercado Municipal y en la Terminal de Ómnibus ”. De acuerdo a lo mencionado por Palomo, ya solicitaron autorización para poner alimento en los techos de la Biblioteca Rivadavia y la UNS.
Las etapas del programa
El plan consiste en la ejecución de seis etapas:
1- Monitorear la población.
2- Reducir las condiciones que favorecen su proliferación.
3- Controlar la reproducción.
4- Incorporar medidas preventivas en obras urbanas.
5- Fomentar educación y sensibilización.
6- Regular población en zonas críticas.
-



Culturahace 2 díasQué podés hacer este finde largo: agenda cultural y ferias
-



Climahace 1 díaSoleado pero bastante helado empieza el finde
-



Interés generalhace 20 horasLas cumbres de las sierras de Ventana aparecieron nevadas
-



Ahorahace 2 horasAlerta amarilla por la baja temperatura en la ciudad
-



Climahace 2 horasSi te gusta el frío, día agradable
-



Culturahace 43 minutosCerri festeja sus 150 años con diversas actividades
-



Interés generalhace 44 minutosYa se pueden denunciar infracciones viales por Whatsapp
-



Ahorahace 24 horas¿Somos hipócritas si repudiamos el maltrato animal pero comemos carne?











































