Ahora
La OMIC pide que ABSA no le cobre las facturas a los bahienses que tienen problemas con el agua
La titular de la dependencia pidió un plan de contingencia urgente ante una situación crítica.
La titular de la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC), Mercedes Patiño, presentó este viernes un reclamo ante ABSA solicitando un plan de contingencia y la suspensión del cobro del servicio a quienes tienen problemas con el agua, situación que ya se da en más de 40 barrios de Bahía Blanca.
Según la carta que dejó en las oficinas de la prestadora, se solicita que “brinde a los usuarios un servicio de calidad, regular, constante y uniforme y que realice obras conducentes a ello”.
Desde la OMIC instaron a que “con carácter urgente se instrumente un plan de contingencia respecto a la prestación del servicio de agua potable por el mínimo plazo de un año en los sectores afectados” y que se ordene “la suspensión del cobro de las facturas en los períodos donde la prestación es inexistente”.
Además, se solicitó la “prohibición de realizar cortes de suministro de agua potable a fin de evitar el daño inminente e irreparable en los usuarios”.
Patiño recordó que desde la concesión del servicio en 2002, ABSA asumió la responsabilidad de suministrar el agua a todo Bahía Blanca.
“Nos encontramos con usuarios con una prestación de servicio que resulta ser totalmente irregular, no uniforme, y que dista mucho de los parámetros de calidad debido a la falta de obras de infraestructura e inversión que debe realizar la empresa para brindar un servicio acorde, incumpliendo de tal forma el contrato de concesión”, advirtió.
“La prestación en Bahía Blanca es crítica desde hace varios años y no necesariamente en tiempos de sequía y altas temperaturas”, agregó.
Ahora
¿Somos hipócritas si repudiamos el maltrato animal pero comemos carne?
Un veterinario, una bióloga, una abogada y un filósofo responden a esta pregunta.
Hace una semana comenzó a circular un video en donde un joven pateaba a un coipo hasta matarlo. La grabación, hecha por uno de sus amigos, fue subida y compartida en redes como algo divertido y festejable.
Pero la condena social no tardó en llegar. Rápidamente, miles de personas de Bahía y el país mostraron su rechazo a la actitud y pidieron consecuencias legales para los dos involucrados: Juan Bautista Bravo e Imanol Santerre, ambos de 18 años, de Huanguelén.
Frente a esta situación, varias personas plantearon o se preguntaron: ¿somos hipócritas si repudiamos el maltrato animal pero comemos carne?
Wips le consultó a diversos especialistas para conocer su punto de vista y análisis de la situación. A continuación, los comentarios de un veterinario, una bióloga, una abogada y un filósofo:
Horacio Volpe- Veterinario
Todos los animales experimentan algún grado de sufrimiento y son capaces de percibir situaciones amenazantes. Por ejemplo, nna oveja puede sufrir cuando va a ser sacrificada, o se ha demostrado que los cerdos son especialmente sensibles al estrés: el simple hecho de inmovilizarlos o trasladarlos para su faena puede generarles un elevado nivel de tensión.
Muchos animales reaccionan ante el peligro y buscan escapar cuando perciben una amenaza. En ese sentido, se considera que son capaces de experimentar miedo y estrés frente a determinadas circunstancias. También es posible que los animales sometidos a situaciones de maltrato o manipulación prolongada respondan al entorno de manera diferente, ya que son sensibles a las condiciones en las que viven y a la forma en que son tratados.
Por otra parte, es cierto y es comprensible que las personas establezcan distintas valoraciones sobre los animales según el vínculo que mantienen con ellos. Muchos productos de consumo cotidiano provienen de animales criados para la alimentación. Nosotros comemos una res de ganado y es una vaca que le pegaron un palo en la cabeza o con un martillo neumático y la sacrificaron, o comemos un chorizo seco y es de un cerdo que lo domesticamos, le dimos de comer y un día la matamos.
Es un tema difícil de analizar porque hay que analizar un montón de aristas.
Marina Belén Gomez- Licenciada en Ciencias Biológicas
Desde el ámbito biológico todas las especies tienen valor intrínseco, esto quiere decir que ya por el simple hecho de existir cumplen un rol ecológico en los ambientes y eso hace que sean importantes.
Ahora al diferenciar especies silvestres y domesticas tenemos que tener en cuenta que:
Por un lado la fauna doméstica (ganadería en este caso), es criada y producida con un fin, fuera o no de su ámbito natural, con restricciones, control y monitoreo dentro de reglas preestablecidas.
Por otra parte, el lado silvestre, como fue el caso del coipo, es fauna que quedo resignada a los pocos y pequeños ámbitos “naturales” que les quedaron. El avance de la urbanización afecta muchísimo a las especies aunque no nos demos cuenta: el hábitat natural se fragmenta, los recursos se reducen y los peligros son mayores.
El gran problema de todo este hecho aberrante radica en la crueldad humana que por diversión y mero “poder” arrebatan la vida de un animal silvestre de forma violenta y descontrolada, con burlas y risas de por medio. Desde el 2021 esta sancionada la Ley de Educación Ambiental que busca generar valores y apreciaciones para con la naturaleza, con la premisa de que conocerla propicia la empatía y conservación de los ambientes y genera un cuidado sustentable de los mismos.
Muchas son las personas que trabajan para que estos conocimientos lleguen a todas las edades pero los esfuerzos parecen ser ínfimos cuando nos encontramos con estos casos donde no se ve consideración ni empatía con los animales nativos, sino que predomina la violencia y superioridad humana.
Volviendo a la pregunta inicial, desde mi punto de vista, son dos cosas distintas la muerte y consumo de animales de ganadería, que la muerte de un coipo o cualquier animal silvestre por diversión. Es posible que compartan un punto de crueldad animal, puesto que en ambos casos es el humano quien se cree superior sobre estas vidas, pero sin embargo, se supone que existe reglamentación para disminuir al máximo el dolor de la muerte de un animal de ganadería cuando va a ser sacrificado para consumo, así como también existen leyes que protegen la fauna silvestre, que prohíben el maltrato animal, y que penan a las personas que ejercen el mal en fauna, flora y ecosistemas.
Por ultimo, es importante no olvidar que el ganado está culturalmente asociado para el consumo, mientras que la fauna silvestre no cumple ese rol. Por lo tanto, este caso, tuvo un alto impacto ya que posee una crueldad intrínseca que no aparece en la ganadería desde la vista de la sociedad.
Graciela Regina Adre- Abogada penal especialista en Derecho Animal
El planteo de la pregunta es legítimo porque nos invita a reflexionar sobre cómo nos situamos frente a los otros animales. El rechazo que produjo este hecho demuestra que existe una preocupación creciente por el trato que reciben los animales, y eso es algo positivo.
Ahora bien, quienes sostenemos una posición abolicionista y antiespecista entendemos que la capacidad de sufrir, de sentir dolor o de experimentar miedo no depende de la especie a la que un individuo pertenezca. Un coipo, una vaca, un cerdo, una gallina o un perro comparten esa condición básica de seres sintientes, con experiencias subjetivas propias, y son conscientes, tal como hoy reconoce la ciencia. Se acercan al placer y se alejan del dolor… igual que nosotros.
Por eso, cuando la sociedad en su conjunto se conmueve frente a un acto de crueldad como el que hemos visto, surge un interrogante más profundo e inevitable: ¿por qué nos parece intolerable el padecer de algunos animales y aceptamos el de otros? ¿por qué un roedor como el coipo recibe tanta consideración y simpatía mientras que para ratas y ratones solemos admitir métodos de control que les provocan una agonía prolongada y muy dolorosa? Es una reflexión recurrente dentro del movimiento por los derechos animales.
Desde el punto de vista legal la respuesta es simple: unos son declarados especies protegidas y otros, plagas. La ley consagra esa diferencia y le atribuye efectos jurídicos distintos. Se trata de una clasificación con la que, es obvio, no concuerdo, pero que expresa las jerarquías que el imaginario social establece entre las diferentes formas de vida animal en este momento histórico.
Sin embargo, no creo que el camino sea descalificar a quienes se indignan por este caso llamándolos hipócritas. Estas valoraciones no son inmutables: responden a una construcción cultural y cambian con el tiempo. Muchas de las conductas que en generaciones anteriores eran consideradas normales hoy resultan difíciles de justificar, y no hay razón para pensar que nuestra manera de relacionarnos con los demás animales no pueda ser objeto de un análisis similar en el futuro.
Lo importante es aprovechar estos acontecimientos para abrir un debate respetuoso sobre nuestra relación con los demás animales. Si la muerte de este coipo nos conmueve, tal vez sea una oportunidad para reevaluar qué lugar otorgamos a los otros vivientes y si estamos dispuestos a revisar nuestras costumbres a la luz de los valores de compasión, justicia y no violencia que decimos defender.
Más que preguntarnos por qué nos conmueve la muerte de un coipo —lo cual constituye un hecho alentador—, deberíamos indagar por qué no nos movilizan del mismo modo tantas otras expresiones de daño que los animales sufren a diario.

Jorge Mux- Filósofo
Lo que me gustaría decir respecto a la pregunta de si somos hipócritas es que todos nuestros juicios morales, es decir, cuando decimos si algo está bien o está mal, tienen ciertos límites.Y esos límites son un poco por la costumbre, un poco arbitrarios, un poco, podríamos decir, de acuerdo a cómo nos hayan educado.
En otras palabras, para nosotros está bien que se maten vacas y pollos y otros animales todos los días y lo justificamos también con una decisión moral: que necesitamos comerlos o por lo menos queremos comerlos. Mientras, esa decisión moral limita las acciones que nosotros podemos tener con respecto a matar animales a aquellos animales que vamos a comer. Entonces, hay una especie de límite moral ahí, qué animales son permitidos y qué animales no.
No se trata de hipocresía en ese sentido, pero también si nos ponemos a pensar, nosotros usamos todo el tiempo celulares, los celulares están hechos con un mineral, entre otras cosas, que se llama coltán, y el coltán, hasta donde nosotros sabemos, se extrae de ciertas minas en África en las que trabajan niños esclavos. Entonces, ¿somos hipócritas nosotros si usamos celulares sabiendo, de hecho muchos ya lo sabemos, que lo que se extrae es de trabajo esclavo? ¿Sabiendo que mueren niños por los celulares que estamos usando? Podemos hacer extensivo esto también a la ropa, que en muchos casos está hecha por trabajo esclavo en otras partes del mundo, etcétera.
Entonces, ante la pregunta de si somos hipócritas, porque a algunos animales está bien matarlos y a otros no, en realidad lo que hay son decisiones morales, lo mismo ocurre con esto de los celulares o de la ropa, son decisiones morales, y la decisión moral no tiene por qué ser del todo racional. Se establece un límite arbitrario en un punto y pasado ese límite suponemos que está bien o que está mal, es decir, dependerá de la costumbre, de la sociedad, de la educación y muchas veces también de lo que a nosotros nos parece.
Ahora bien, una cosa es el límite moral y otra cosa es la ética. La ética consiste justamente en analizar la moral. Desde el punto de vista ético, lo que nosotros podemos hacer es, bueno, decir estos son los principios que tiene tal o cual moral. La moral tiene que ver con las costumbres, con los códigos de una sociedad, con la educación, etc. Y esa moral nos indica qué cosas son permisivas o qué cosas aceptamos para actuar y cómo juzgamos también a los otros. Sin embargo, esas morales nunca abarcan todos los casos posibles de los hechos que nos podrían suceder.
Y hay muchísimos casos en los que no sabemos cómo actuar. En este caso en particular, lo que podemos ver es que el repudio no es sólo porque mataron a un animal, sino porque lo hicieron sufrir. Se supone que cuando se faenan animales el sufrimiento es mínimo o no está. Y además se ve que había una gran satisfacción por ese hecho. Entonces, ahí el límite moral parece bastante claro. No es solamente matar a un animal, sino la satisfacción que causaba y el hecho de que además lo vea todo el mundo.
Hay algo ahí de espectáculo. En cambio, matar animales, aparentemente, matar animales como vacas, cerdos, etc., son para comer, con lo cual ahí hay una justificación moral que parece un poco mejor. Yo lo que quiero es separar el hecho de si a mí me parece bueno o a mí me parece malo del análisis moral. El análisis moral es lo que corresponde a la filosofía.
Los límites de la moral muchas veces son arbitrarios, y ese es un gran problema. Nos parece muy mal una cosa y, sin embargo, nosotros aceptamos otra que es muy similar y esa no nos parece para nada mal. Entonces, es hipocresía y en algunos casos podrá ser hipocresía, pero en muchos casos es que nuestros límites morales no están definidos de manera cerrada o de manera muy clara.
El episodio del fin de semana anterior es una buena oportunidad para, más allá de sumarse a la condena, reflexionar sobre algunas cuestiones y revisar nuestras prácticas. Estos son algunos puntos de vista, pero no agotan el análisis de la situación.
Ahora
Cómo es el método anticonceptivo para las palomas y de dónde viene
En Bahía se está llevando adelante el Programa de Convivencia Urbana con la Fauna – Columba Livia, el cual busca disminuir la población de las palomas en la ciudad.
Diego Palomo, directos del área de Salud y Hábitat que se encarga de ejecutar el programa comentó que la anticoncepción es la tercera etapa del plan, y consiste en colocar alimento con nicarbizina en determinados puntos de la ciudad.
Cuando se presentó la propuesta en noviembre de 2025, se comentó que la idea es que CONICET o la UNS produjeran el fármaco anticonceptivo.
Wips le consultó a Palomo por el avance de esta producción en conjunto, a lo que el director respondió que sigue vigente la idea pero que es a largo plazo:
Hoy el anticonceptivo se consigue a través de la compra a una empresa de Rosario. Esta empresa provee el anticonceptivo y el municipio hace el control pertinente con SENASA para certificar que el uso sea cuidado y seguro para las palomas y cumpla con la dosis que se requiere para que tenga solamente un efecto anticonceptivo.
Agregó que la posibilidad de un convenio con la universidad o CONICET sigue en pie, y que hay diálogo y predisposición de las partes, pero que es un proceso a largo plazo, porque producir un fórmula farmacéutica tiene cierta complejidad.
A su vez, también se le consultó por la existencia de una meta concreta en cuanto a la disminución de la cantidad de palomas: “en relación a la meta del programa, INBIOSUR entrega un informe trimestralmente en donde se incluye un mapa de color de los distintos sectores de la ciudad, en donde hay determinados puntos críticos. Es poco fiable y difícil de establecer un número [o porcentaje] puntual, pero el objetivo es que la densidad poblacional de estos puntos críticos disminiyen”.
El alimento con anticonceptivos se pone en distintos lugares cada 48 horas. Es alimento suficiente para unas 100 palomas aproximadamente y esta semana se colocaron en el techo del Mercado Municipal y en la Terminal de Ómnibus ”. De acuerdo a lo mencionado por Palomo, ya solicitaron autorización para poner alimento en los techos de la Biblioteca Rivadavia y la UNS.
Las etapas del programa
El plan consiste en la ejecución de seis etapas:
1- Monitorear la población.
2- Reducir las condiciones que favorecen su proliferación.
3- Controlar la reproducción.
4- Incorporar medidas preventivas en obras urbanas.
5- Fomentar educación y sensibilización.
6- Regular población en zonas críticas.
Ahora
380 basurales y puntos de arrojo fueron limpiados
El dato surge del programa de limpieza “Bahía Limpia”, que inició en el mes de abril.
El programa de limpieza urbana Bahía Limpia resolvió 2190 pedidos de vecinos y limpió más de 380 basurales y puntos de arrojo.
Sumadas a las tareas operativas de oficio realizadas por el Municipio, la cifra alcanza un total de 4794 retiros domiciliarios de grandes residuos.
Desde que empezó el proyecto, se registraron 84 denuncias a particulares por arrojar basura en la vía pública, una herramienta clave para el control comunitario, y se intervinieron y sanearon 252 puntos de arrojo y 129 pequeños y medianos basurales crónicos.
Para solicitar el retiro de grandes residuos domiciliarios o realizar denuncias por arrojo ilegal de basura, comunicate con Bahía Limpia vía WhatsApp al 291 5090321.
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