Ahora
Querer “hacer plata fácil”, una tendencia bajo la mirada de profesionales
Psicólogas y economistas responden sobre los contenidos que se ven en redes.
Crear y vender cursos, con un mínimo tiempo dedicado, y empezar a recibir dinero; volverte experto en un tema después de hacer alguna capacitación, y comenzar a ganar en dólares; aprender “la profesión que más se necesita ahora y que nadie está haciendo” de forma gratuita y convertirte en trafficker; invertir en monedas virtuales y multiplicar el dinero.
Esas son algunas de las propuestas que circulan en cantidad por las redes sociales. Quienes las ofrecen, suelen ser “expertos” que viven de eso, con trabajos remotos que les permiten vivir viajando o tener un estilo de vida lujoso.
Quienes más consumen este tipo de contenido y compran lo que ofrecen suelen ser adolescentes o adultos jóvenes, personas que recién están empezando su trayectoria laboral y les atrae esta idea de “hacer plata fácil”.
En Wips hablamos con un economista y dos psicólogas para que nos den una visión integral de la problemática.
Para Evelyn Faiazzo (M.P 1712), esta búsqueda de “dinero rápido” de los jóvenes no puede entenderse desde una sola causa, sino como el resultado de una combinación de factores psicológicos, sociales y económicos”.
Según la psicóloga, en un contexto de tanta incertidumbre como el actual, “el futuro no se percibe como algo seguro y por eso lo inmediato empieza a tener más peso que lo que requiere tiempo”.
Además, agrega que no todos los jóvenes se vinculan con esta búsqueda desde el mismo lugar: “para algunos puede estar asociada al deseo de progresar o “llegar más rápido”, mientras que para otros puede tener que ver con urgencias más concretas, como mejorar su situación económica o cubrir necesidades básicas”. Puede que no sean solo aspiraciones, sino una forma de responder a las condiciones de su alrededor.
Faiazzo asegura que las redes sociales ocupan un lugar central en esta problemática, “ya que muestran constantemente versiones editadas de la realidad: resultados sin procesos, logros sin recorrido. Esto instala la ilusión de que el éxito es fácil y rápido”.
En la misma línea, la licenciada Cristel Fabris (MP 1386) plantea que hay otro factor por el que los chicos podrían estar buscando “dinero rápido”: cómo los adultos se vinculan con el sentido de la plata.
Según su análisis, “actualmente, se ha convertido en un mandato social y cultural el saber sobre ahorro e inversiones. Asimismo, lo que se hace con el dinero es un tema que ha captado las agendas mediáticas: se habla de cuánto rinde, en qué se utiliza, en qué se podría usar mejor, las 24 horas del día, los siete días de la semana”.
Para Fabris, “es importante considerar que los adolescentes conviven con los discursos de los adultos y aprenden de ellos. En otras generaciones, el uso del dinero se mantenía en un ámbito privado, casi secreto. Además, la crisis económica que atravesamos nos ha empujado a replantear cuestiones que antes no se ponían en duda, como por ejemplo si tener un título universitario asegura un futuro económico.
Tanto adultos como jóvenes se encuentran experimentando que esta verdad ya no es tan certera, lo que puede generar frustración e implantar la idea de que quizás “tengan que probar” con alternativas que puedan generar dinero rápido, ya que el camino que conocían o no está funcionando o no está generando dinero en lo inmediato.
Frustración, contexto y expectativas
Ambas psicólogas coinciden en que la frustración ocupa un lugar central en este fenómeno. Fabris señala que, en la actualidad, el éxito se asocia fuertemente al dinero, lo que genera malestar cuando no se alcanzan esos objetivos. Además, sostiene que en el último tiempo hay “un mayor número de consultas en relación a una sintomatología ansiosa en la cual tanto los jóvenes como los adultosse cuestionan a sí mismos por qué no pueden experimentar ese supuesto éxito que se les prometió o que otras generaciones han vivido”.
Por su parte, Faiazzo dice que no necesariamente hay más frustración que antes, sino menos recursos para procesarla en un contexto que prioriza la inmediatez: “cuando se internaliza la idea de que el éxito debería ser rápido, cualquier dificultad puede vivirse como un fracaso personal, en lugar de como parte natural de un proceso”.
En cuando a la salud mental, también ambas especialistas concuerdan en que cada persona lo experimenta de una manera particular. La vivencia de un no logro “depende de la historia, los recursos psíquicos, el contexto y del significado que cada uno le asigne a esas metas”, dice Evelyn. Para algunos puede ser algo pasajero, para otros más profundo.
Sin embargo, en general, es esperable que aparezca ansiedad, vinculada a la sensación de no estar cumpliendo con ciertos estándares. También puede impactar en la autoestima, sobre todo cuando depende en gran medida de los resultados obtenidos. A esto puede sumarse desmotivación, cuando se sostiene la idea de que el esfuerzo no tiene sentido si no genera logros visibles o inmediatos. En algunos casos, puede ir acompañado de sensaciones de vacío o desorientación respecto del propio rumbo.
Herramientas que pueden ayudar
En este punto, Cristel Fabris destaca la importancia de revisar el lugar que ocupa el dinero en la vida cotidiana. En ese sentido, propone “despegarnos del rey dinero” y cuestionar cómo las conversaciones sociales giran casi exclusivamente en torno a lo económico. Según explica, modificar esos discursos y ampliar las referencias podría contribuir a que los jóvenes identifiquen otros aspectos de la vida por fuera de la lógica del ingreso y la acumulación.
Por su parte, Evelyn Faiazzo señala la necesidad de fortalecer la psicoeducación emocional, entendiendo la frustración como parte de cualquier proceso. También sugiere promover la reflexión sobre los propios deseos, diferenciándolos de las expectativas impuestas por el entorno o las redes sociales. Entre las herramientas concretas, menciona la importancia de fijar objetivos alcanzables, registrar las emociones, incorporar pausas y técnicas de regulación como la respiración. Además, destaca la construcción de una autoestima que no dependa exclusivamente de los resultados.
El análisis económico
Desde el plano económico, Gustavo Burachik, economista y docente universitario, relativiza la idea de “hacer plata fácil” y la vincula con las condiciones estructurales del sistema:
En la sociedad capitalista, aquellos que ya poseen un capital (bienes raíces, activos productivos, financieros, etc.) pueden llegar a la cima de la riqueza, incluso sin moverse de su casa. El resto de la sociedad (la gran mayoría) sólo puede vivir o sobrevivir gracias a un trabajo remunerado (en general, un salario).
La única posibilidad de que un joven sin capital “haga plata fácil” es que otro la esté perdiendo. El mundo actual, en el que faltan los trabajos bien remunerados y en blanco y sobran las personas con necesidad, es ideal para cacería de incautos. Son estafas, en un 100% de los casos. Estudios académicos muestran que en el capitalismo las diferencias de clase social pasan en un 99% de una generación a la siguiente. Es lo que hay, hasta que venga algo mejor. Mi consejo enfático a los jóvenes y laburantes en general: no presten atención a ninguna de estas propuestas.
Ahora
Alerta amarilla por la baja temperatura en la ciudad
Debido al frente frío que afecta a Bahía y la región, el Servicio Meteorológico Nacional emitió un alerta amarilla.
Se recomienda:
- Evitar exponerse al frío por tiempo prolongado en exteriores.
- Controlar el buen funcionamiento de calefactores.
- No dejar calefactores encendidos sin supervisión.
- Evitar sobrecargar la instalación eléctrica.
- Mantener ambientes ventilados para evitar la inhalación de monóxido de carbono.
Ahora
¿Somos hipócritas si repudiamos el maltrato animal pero comemos carne?
Un veterinario, una bióloga, una abogada y un filósofo responden a esta pregunta.
Hace una semana comenzó a circular un video en donde un joven pateaba a un coipo hasta matarlo. La grabación, hecha por uno de sus amigos, fue subida y compartida en redes como algo divertido y festejable.
Pero la condena social no tardó en llegar. Rápidamente, miles de personas de Bahía y el país mostraron su rechazo a la actitud y pidieron consecuencias legales para los dos involucrados: Juan Bautista Bravo e Imanol Santerre, ambos de 18 años, de Huanguelén.
Frente a esta situación, varias personas plantearon o se preguntaron: ¿somos hipócritas si repudiamos el maltrato animal pero comemos carne?
Wips le consultó a diversos especialistas para conocer su punto de vista y análisis de la situación. A continuación, los comentarios de un veterinario, una bióloga, una abogada y un filósofo:
Horacio Volpe- Veterinario
Todos los animales experimentan algún grado de sufrimiento y son capaces de percibir situaciones amenazantes. Por ejemplo, nna oveja puede sufrir cuando va a ser sacrificada, o se ha demostrado que los cerdos son especialmente sensibles al estrés: el simple hecho de inmovilizarlos o trasladarlos para su faena puede generarles un elevado nivel de tensión.
Muchos animales reaccionan ante el peligro y buscan escapar cuando perciben una amenaza. En ese sentido, se considera que son capaces de experimentar miedo y estrés frente a determinadas circunstancias. También es posible que los animales sometidos a situaciones de maltrato o manipulación prolongada respondan al entorno de manera diferente, ya que son sensibles a las condiciones en las que viven y a la forma en que son tratados.
Por otra parte, es cierto y es comprensible que las personas establezcan distintas valoraciones sobre los animales según el vínculo que mantienen con ellos. Muchos productos de consumo cotidiano provienen de animales criados para la alimentación. Nosotros comemos una res de ganado y es una vaca que le pegaron un palo en la cabeza o con un martillo neumático y la sacrificaron, o comemos un chorizo seco y es de un cerdo que lo domesticamos, le dimos de comer y un día la matamos.
Es un tema difícil de analizar porque hay que analizar un montón de aristas.
Marina Belén Gomez- Licenciada en Ciencias Biológicas
Desde el ámbito biológico todas las especies tienen valor intrínseco, esto quiere decir que ya por el simple hecho de existir cumplen un rol ecológico en los ambientes y eso hace que sean importantes.
Ahora al diferenciar especies silvestres y domesticas tenemos que tener en cuenta que:
Por un lado la fauna doméstica (ganadería en este caso), es criada y producida con un fin, fuera o no de su ámbito natural, con restricciones, control y monitoreo dentro de reglas preestablecidas.
Por otra parte, el lado silvestre, como fue el caso del coipo, es fauna que quedo resignada a los pocos y pequeños ámbitos “naturales” que les quedaron. El avance de la urbanización afecta muchísimo a las especies aunque no nos demos cuenta: el hábitat natural se fragmenta, los recursos se reducen y los peligros son mayores.
El gran problema de todo este hecho aberrante radica en la crueldad humana que por diversión y mero “poder” arrebatan la vida de un animal silvestre de forma violenta y descontrolada, con burlas y risas de por medio. Desde el 2021 esta sancionada la Ley de Educación Ambiental que busca generar valores y apreciaciones para con la naturaleza, con la premisa de que conocerla propicia la empatía y conservación de los ambientes y genera un cuidado sustentable de los mismos.
Muchas son las personas que trabajan para que estos conocimientos lleguen a todas las edades pero los esfuerzos parecen ser ínfimos cuando nos encontramos con estos casos donde no se ve consideración ni empatía con los animales nativos, sino que predomina la violencia y superioridad humana.
Volviendo a la pregunta inicial, desde mi punto de vista, son dos cosas distintas la muerte y consumo de animales de ganadería, que la muerte de un coipo o cualquier animal silvestre por diversión. Es posible que compartan un punto de crueldad animal, puesto que en ambos casos es el humano quien se cree superior sobre estas vidas, pero sin embargo, se supone que existe reglamentación para disminuir al máximo el dolor de la muerte de un animal de ganadería cuando va a ser sacrificado para consumo, así como también existen leyes que protegen la fauna silvestre, que prohíben el maltrato animal, y que penan a las personas que ejercen el mal en fauna, flora y ecosistemas.
Por ultimo, es importante no olvidar que el ganado está culturalmente asociado para el consumo, mientras que la fauna silvestre no cumple ese rol. Por lo tanto, este caso, tuvo un alto impacto ya que posee una crueldad intrínseca que no aparece en la ganadería desde la vista de la sociedad.
Graciela Regina Adre- Abogada penal especialista en Derecho Animal
El planteo de la pregunta es legítimo porque nos invita a reflexionar sobre cómo nos situamos frente a los otros animales. El rechazo que produjo este hecho demuestra que existe una preocupación creciente por el trato que reciben los animales, y eso es algo positivo.
Ahora bien, quienes sostenemos una posición abolicionista y antiespecista entendemos que la capacidad de sufrir, de sentir dolor o de experimentar miedo no depende de la especie a la que un individuo pertenezca. Un coipo, una vaca, un cerdo, una gallina o un perro comparten esa condición básica de seres sintientes, con experiencias subjetivas propias, y son conscientes, tal como hoy reconoce la ciencia. Se acercan al placer y se alejan del dolor… igual que nosotros.
Por eso, cuando la sociedad en su conjunto se conmueve frente a un acto de crueldad como el que hemos visto, surge un interrogante más profundo e inevitable: ¿por qué nos parece intolerable el padecer de algunos animales y aceptamos el de otros? ¿por qué un roedor como el coipo recibe tanta consideración y simpatía mientras que para ratas y ratones solemos admitir métodos de control que les provocan una agonía prolongada y muy dolorosa? Es una reflexión recurrente dentro del movimiento por los derechos animales.
Desde el punto de vista legal la respuesta es simple: unos son declarados especies protegidas y otros, plagas. La ley consagra esa diferencia y le atribuye efectos jurídicos distintos. Se trata de una clasificación con la que, es obvio, no concuerdo, pero que expresa las jerarquías que el imaginario social establece entre las diferentes formas de vida animal en este momento histórico.
Sin embargo, no creo que el camino sea descalificar a quienes se indignan por este caso llamándolos hipócritas. Estas valoraciones no son inmutables: responden a una construcción cultural y cambian con el tiempo. Muchas de las conductas que en generaciones anteriores eran consideradas normales hoy resultan difíciles de justificar, y no hay razón para pensar que nuestra manera de relacionarnos con los demás animales no pueda ser objeto de un análisis similar en el futuro.
Lo importante es aprovechar estos acontecimientos para abrir un debate respetuoso sobre nuestra relación con los demás animales. Si la muerte de este coipo nos conmueve, tal vez sea una oportunidad para reevaluar qué lugar otorgamos a los otros vivientes y si estamos dispuestos a revisar nuestras costumbres a la luz de los valores de compasión, justicia y no violencia que decimos defender.
Más que preguntarnos por qué nos conmueve la muerte de un coipo —lo cual constituye un hecho alentador—, deberíamos indagar por qué no nos movilizan del mismo modo tantas otras expresiones de daño que los animales sufren a diario.

Jorge Mux- Filósofo
Lo que me gustaría decir respecto a la pregunta de si somos hipócritas es que todos nuestros juicios morales, es decir, cuando decimos si algo está bien o está mal, tienen ciertos límites.Y esos límites son un poco por la costumbre, un poco arbitrarios, un poco, podríamos decir, de acuerdo a cómo nos hayan educado.
En otras palabras, para nosotros está bien que se maten vacas y pollos y otros animales todos los días y lo justificamos también con una decisión moral: que necesitamos comerlos o por lo menos queremos comerlos. Mientras, esa decisión moral limita las acciones que nosotros podemos tener con respecto a matar animales a aquellos animales que vamos a comer. Entonces, hay una especie de límite moral ahí, qué animales son permitidos y qué animales no.
No se trata de hipocresía en ese sentido, pero también si nos ponemos a pensar, nosotros usamos todo el tiempo celulares, los celulares están hechos con un mineral, entre otras cosas, que se llama coltán, y el coltán, hasta donde nosotros sabemos, se extrae de ciertas minas en África en las que trabajan niños esclavos. Entonces, ¿somos hipócritas nosotros si usamos celulares sabiendo, de hecho muchos ya lo sabemos, que lo que se extrae es de trabajo esclavo? ¿Sabiendo que mueren niños por los celulares que estamos usando? Podemos hacer extensivo esto también a la ropa, que en muchos casos está hecha por trabajo esclavo en otras partes del mundo, etcétera.
Entonces, ante la pregunta de si somos hipócritas, porque a algunos animales está bien matarlos y a otros no, en realidad lo que hay son decisiones morales, lo mismo ocurre con esto de los celulares o de la ropa, son decisiones morales, y la decisión moral no tiene por qué ser del todo racional. Se establece un límite arbitrario en un punto y pasado ese límite suponemos que está bien o que está mal, es decir, dependerá de la costumbre, de la sociedad, de la educación y muchas veces también de lo que a nosotros nos parece.
Ahora bien, una cosa es el límite moral y otra cosa es la ética. La ética consiste justamente en analizar la moral. Desde el punto de vista ético, lo que nosotros podemos hacer es, bueno, decir estos son los principios que tiene tal o cual moral. La moral tiene que ver con las costumbres, con los códigos de una sociedad, con la educación, etc. Y esa moral nos indica qué cosas son permisivas o qué cosas aceptamos para actuar y cómo juzgamos también a los otros. Sin embargo, esas morales nunca abarcan todos los casos posibles de los hechos que nos podrían suceder.
Y hay muchísimos casos en los que no sabemos cómo actuar. En este caso en particular, lo que podemos ver es que el repudio no es sólo porque mataron a un animal, sino porque lo hicieron sufrir. Se supone que cuando se faenan animales el sufrimiento es mínimo o no está. Y además se ve que había una gran satisfacción por ese hecho. Entonces, ahí el límite moral parece bastante claro. No es solamente matar a un animal, sino la satisfacción que causaba y el hecho de que además lo vea todo el mundo.
Hay algo ahí de espectáculo. En cambio, matar animales, aparentemente, matar animales como vacas, cerdos, etc., son para comer, con lo cual ahí hay una justificación moral que parece un poco mejor. Yo lo que quiero es separar el hecho de si a mí me parece bueno o a mí me parece malo del análisis moral. El análisis moral es lo que corresponde a la filosofía.
Los límites de la moral muchas veces son arbitrarios, y ese es un gran problema. Nos parece muy mal una cosa y, sin embargo, nosotros aceptamos otra que es muy similar y esa no nos parece para nada mal. Entonces, es hipocresía y en algunos casos podrá ser hipocresía, pero en muchos casos es que nuestros límites morales no están definidos de manera cerrada o de manera muy clara.
El episodio del fin de semana anterior es una buena oportunidad para, más allá de sumarse a la condena, reflexionar sobre algunas cuestiones y revisar nuestras prácticas. Estos son algunos puntos de vista, pero no agotan el análisis de la situación.
Ahora
Cómo es el método anticonceptivo para las palomas y de dónde viene
En Bahía se está llevando adelante el Programa de Convivencia Urbana con la Fauna – Columba Livia, el cual busca disminuir la población de las palomas en la ciudad.
Diego Palomo, directos del área de Salud y Hábitat que se encarga de ejecutar el programa comentó que la anticoncepción es la tercera etapa del plan, y consiste en colocar alimento con nicarbizina en determinados puntos de la ciudad.
Cuando se presentó la propuesta en noviembre de 2025, se comentó que la idea es que CONICET o la UNS produjeran el fármaco anticonceptivo.
Wips le consultó a Palomo por el avance de esta producción en conjunto, a lo que el director respondió que sigue vigente la idea pero que es a largo plazo:
Hoy el anticonceptivo se consigue a través de la compra a una empresa de Rosario. Esta empresa provee el anticonceptivo y el municipio hace el control pertinente con SENASA para certificar que el uso sea cuidado y seguro para las palomas y cumpla con la dosis que se requiere para que tenga solamente un efecto anticonceptivo.
Agregó que la posibilidad de un convenio con la universidad o CONICET sigue en pie, y que hay diálogo y predisposición de las partes, pero que es un proceso a largo plazo, porque producir un fórmula farmacéutica tiene cierta complejidad.
A su vez, también se le consultó por la existencia de una meta concreta en cuanto a la disminución de la cantidad de palomas: “en relación a la meta del programa, INBIOSUR entrega un informe trimestralmente en donde se incluye un mapa de color de los distintos sectores de la ciudad, en donde hay determinados puntos críticos. Es poco fiable y difícil de establecer un número [o porcentaje] puntual, pero el objetivo es que la densidad poblacional de estos puntos críticos disminiyen”.
El alimento con anticonceptivos se pone en distintos lugares cada 48 horas. Es alimento suficiente para unas 100 palomas aproximadamente y esta semana se colocaron en el techo del Mercado Municipal y en la Terminal de Ómnibus ”. De acuerdo a lo mencionado por Palomo, ya solicitaron autorización para poner alimento en los techos de la Biblioteca Rivadavia y la UNS.
Las etapas del programa
El plan consiste en la ejecución de seis etapas:
1- Monitorear la población.
2- Reducir las condiciones que favorecen su proliferación.
3- Controlar la reproducción.
4- Incorporar medidas preventivas en obras urbanas.
5- Fomentar educación y sensibilización.
6- Regular población en zonas críticas.
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